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Vida y milagros de un adicto al Bondage

  • Vida y milagros de un adicto al Bondage

El significado de adicto tiene varias acepciones en el diccionario y escogeremos la que más se adapta al entorno sexual. Y ésta dice ser la capacidad que tiene “algo o alguien” para doblegar la voluntad de otra persona.
Esta definición nos vale igualmente para quienes asumen un rol de sumisión o de dominación en la pareja o este papel es intercambiable alternativamente.


Pero ser adicto al bondage conlleva haber dejado de lado el sexo tradicional para abrazar y practicar en exclusiva el sadomaso, fetish o disciplina inglesa. Que a su vez incluyen un repertorio de prácticas concretas que pueden usarse todas o algunas, dependiendo de los gustos personales.


Sin querer entrar en la otra vertiente de la adicción que tiene tintes patológicos, digamos que un aficionado o aficionada al Bondage no va más allá de que las relaciones sexuales de preferencia o en exclusiva de esta persona, están siempre dentro de ese marco para que éstas resulten placenteras.


Para ser un seguidor o seguidora de Bondage, hay que tener una pareja, sentimental o sexual -no tiene por qué coincidir, ni la segunda tiene que coincidir con la primera e incluso podría estar al margen-.
Esta premisa se la puede saltar cualquiera pero sin una pareja, todo queda en tablas.


Disponer de un lugar habilitado para ello. Puede ser un dormitorio pero quien se consagra de alguna manera al bondage, quiere tener más espacio o más recursos. Un diván o una camilla, un tablero vertical donde disponer de anclajes y puntos de sujeción para cuerdas y esposas,  y los más sibaritas, tener su columpio erótico o su potro “torturador” o sex machine.


Y esto no se monta con una llamada a unos grandes almacenes y te lo instalan sus técnicos a los que luego invitas a un refresco. Este equipamiento se adquiere en la tienda erótica y con un poco de imaginación y habilidad., se dispone en el cuarto destinado a ello.


Ir comprando juguetes eróticos de bondage y complementos que nos sirvan de apoyo para el placer de ambos. Ropa de látex, antifaces, mordaza para la boca, pinzas para los pezones, bridas, cintas, esposas, cola de gatos o fusta, látigo corto, palmetero, plumas, piedra de mármol, succionadores, eletroestimulación y los lubricantes adecuados. Porque sin ellos, los juguetes eróticos como consoladores, vibradores, bolas chinas y tailandesas y plugs anales, no van igual de bien.


Usar unos u otros ya depende del momento, la disposición o la improvisación. Pero tenerlos, es lo que conforma la experiencia bondage.


¿Se entiende que no es lo mismo que tener sexo de sábado por la noche al llegar de una cena romántica en la cama matrimonial?


Pero no está reñido con volver de una cena romántica y transformar el sexo en una experiencia sensiblemente más intensa, más excitante y menos sencilla. Pero nadie dijo que lo más elaborado sea mejor.


Pongamos un ejemplo: una pareja de usos sexuales convencionales. Y un dia él decide montar por sorpresa a su pareja una experiencia bondage. La respuesta puede ser a o b. A, que ella llame a la policía o a los bomberos del susto. B, que esa experiencia borre todo su pasado sexual y nada vuelva a ser igual nunca más.

 

bondage erótico

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